Hemos analizado las comparecencias públicas ante el comité de selección de inteligencia del Senado estadounidense del nuevo jefe de la CIA, John Ratcliffe, y de la que será presumiblemente la nueva Directora de la Oficina Nacional de Inteligencia, Tulsi Gabbard. Adelantamos las conclusiones y más abajo tienen el informe completo. Disfrútenlo.
5.- Conclusiones.
Es de destacar que no se encuentran discrepancias en los asuntos tratados en las comparecencias ni en sus respuestas. Los comparecientes se enfocan en distintos puntos, pero no tienen visiones opuestas sobre los mismos temas.
Esto implica que hay un trabajo de preparación previo a las comparecencias que lleva a cabo el equipo del presidente. Esta es una muestra de profesionalidad que se extiende a otras comparecencias como la de Marco Rubio (secretario de Estado). No hay improvisación.
Desde el punto de vista de inteligencia, queda claro que en los años de la administración Trump el gran esfuerzo informativo se va a realizar sobre China. Ya era el principal objetivo de la administración Biden, pero la determinación de la nueva administración parece firme. Ratcliffe ha llegado a señalar que se va a potenciar la división de operaciones, con especial mención de las operaciones HUMINT (captación de fuentes) y operaciones encubiertas. Esto lo une Ratcliffe con la necesidad de potenciar el uso de las nuevas tecnologías en la agencia. Con Silicon Valley a su servicio, las posibilidades de obtención y de análisis de la CIA se potencian en un múltiplo indeterminado, pero muy importante. Trump ya ha eliminado un decreto de Biden por el que se limitaba el uso de la IA en ciertos campos.
Decir que China es el objetivo principal, implica el interés de otras áreas informativas colaterales, en las que China es un actor fundamental, como, por ejemplo: las relaciones de Japón y China, las dos Coreas y, por supuesto, Taiwan.
Gabbard hace hincapié en la necesidad de optimizar los recursos, en presentar inteligencia al presidente que no sea tendenciosa y en no influir en las decisiones políticas que competen en exclusiva al presidente y no a las agencias de inteligencia.
Claramente la presión sobre Rusia se va a aliviar. Las negociaciones entre el Kremlin y la Casa Blanca ya están en marcha, dejando a un lado a Bruselas y Kiev. La aproximación entre Moscú y Washington puede traer beneficios a Washington de cara a la relación con Pekín, dado que puede contribuir a aligerar en alguna medida la tensión entre Trump y Xi. A ambos les interesa no tensar en exceso la cuerda, y Moscú estará encantado de jugar un papel en esa relación.
Es posible que más adelante, cuando ya haya algunos acuerdos entre Putin y Trump, se permita a Kiev y en última instancia a Bruselas, a jugar algún papel. Pero Kiev va a tener que aceptar lo que le pongan delante, al igual que Bruselas. La UE no puede hacer un feo a Washington sin sopesar las consecuencias de cara a la OTAN y a su seguridad.
Hasta ahora no hemos mencionado a Oriente Medio. Ambos reciben preguntas al respecto, contestando exactamente lo mismo: que los esfuerzos se dirigirán a eliminar a Hamas y Hizbollah, y poco más. En la región, el esfuerzo se va a realizar en Irán y, concretamente, en limitar e impedir el programa nuclear y la producción de una bomba nuclear persa. Esto es acorde con la política de Trump, cuya máxima reza que hay que centrarse en lo que beneficia a Estados Unidos. Oriente Medio no es más que un sumidero de gastos y de esfuerzos políticos y diplomáticos en los que Trump no ve beneficio alguno.
Hay que mencionar que el terrorismo internacional sigue desempeñando un papel en las prioridades de inteligencia. Sin embargo, Gabbard hace hincapié en que debe ser una labor fundamentalmente llevada a cabo por la CIA, en una labor preventiva, mientras que el FBI debería ser receptor de la información preventiva de la CIA. Es decir, la amenaza homegrown aparece minimizada en el imaginario de los líderes de la inteligencia de Trump.
Por otra parte, se observa que los miembros del comité consideran que los gastos dedicados a este campo son excesivos y que deben ser revisados a la baja.
En todo caso, el factible entendimiento entre Washington y Moscú también puede facilitar el objetivo de Trump en lo que respecta a Irán. Teherán recibirá con alivio cualquier síntoma de relajación de la presión sobre el régimen, porque la tensión interna va in crescendo y el régimen verá con buenos ojos poder levantar las medidas coercitivas que ejerce sobre su propia población.
Otro campo en el que se harán esfuerzos se centra en la generalización del uso de nuevas tecnologías en labores de inteligencia. Se trata de potenciar el sector tecnológico desde la administración con el objetivo de que con ello se gane esa carrera frente a China, evitando una sucesión de Sputniks (DeepSeek ha sido un pequeñísimo satélite) en ese ámbito, evitando repetir lo que sucedió con la carrera espacial en los 60, que tras sucesivas derrotas y muchos millones de dólares gastados se saldó con la llegada del hombre a la Luna. Se trata de llegar a la Luna sin sufrir humillaciones en el camino (en el ámbito tecnológico, no solo de la IA sino también en la renovada carrera espacial y del ángulo militar de la misma).
Este hecho supondrá que la ventaja de la CIA o el FBI va a ser cada vez mayor con respecto a sus socios europeos. Las necesidades de cooperación con agencias europeas serán vistas cada vez con menos interés por Estados Unidos, que necesitará de sus socios europeos para poder operar en el extranjero, pero con poca incidencia en la efectividad de sus investigaciones y operaciones.
A pesar de las diferencias políticas entre Londres y Washington, la cooperación entre servicios de inteligencia a ambos lados del Atlántico seguirá gozando de buena salud. Los miembros de Five Eyes también se beneficiarán del desarrollo de las nuevas tecnologías y proporcionarán datos de buena calidad para el desarrollo de aplicaciones de la IA (la piscina de datos debe ser lo mayor posible).
Finalmente, Sudamérica está ausente en las comparecencias. Una breve mención al régimen venezolano, pero con una clara falta de interés, tanto por parte de los miembros del Comité como por los comparecientes. Desde el punto de vista de la inteligencia no es un subcontinente prioritario.
Esto es lo que podemos anticipar a la vista de las comparecencias públicas de los inminentes líderes de la inteligencia estadounidense.

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