Putin smiles/La sonrisa de Putin

Vladimir Putin holding a red frozen cocktail on a sunny tropical beach.
We have stopped for a while and had a fleeting look around the world. We are in the middle of a war in Ukraine, Maduro has been arrested, Cuba is bargaining with the US, the Middle East is on fire, oil prices boosting, Iranian regime resisting, NATO attacked by Trump, the UN system being weakened…

Putin has presented himself as a potential mediator in the Iranian crisis. He has not created any visible disruption in Venezuela, nor is there significant reporting of Russian interference in Cuba at this stage. At the same time, Ukraine is facing serious difficulties in securing the level of assistance it needs from Europe, due in large part to Hungary’s obstruction.

Trump, meanwhile, is also weakening NATO. Although he cannot withdraw the United States from the Alliance unilaterally—he would need congressional approval or the support of two-thirds of the Senate—he is nonetheless undermining NATO’s credibility and eroding the strong and enduring bonds among its members.

The United States is deeply entangled in Iran, and this is further complicating domestic politics at home. In that context, Russia is positioning itself as a willing facilitator of peace talks in the region. Putin could eventually try to present himself as the savior or peacemaker that Trump himself would like to be seen as.

Russia has also benefited from a partial easing of U.S. sanctions. Meanwhile, the Venezuelan regime has not been overthrown, something Putin may well have anticipated from the outset of the crisis. That could explain why Moscow limited itself largely to statements rather than more assertive action. Cuba appears to be moving along a similar path to Venezuela: easing tensions, tolerating a degree of foreign involvement, accepting limited damage to sovereignty, displaying some openness—such as releasing political detainees—and then continuing on largely unchanged.

Europe, for its part, is under growing pressure. Hungary has become a bridgehead for Russian interests. There has been extensive reporting on Orbán’s government’s support for Russian individuals and interests in connection with the sanctions regime. As Hungary approaches its next elections, Orbán is likely to receive as much Russian backing as possible. He remains a valued ally of Moscow. Acting in alignment with Slovakia’s Robert Fico, Orbán is helping to create increasingly difficult conditions for Ukraine while also easing pressure on Russia.

So far, Putin sees his two main enemies as weak as he ever expected. His military counterpart, NATO, shaken by the US will to diminish its involvement in the alliance. His trade counterpart, the EU, without the assertive backing of the US, pushed to augment its military expenditure, constraining its budget while dealing with a war on its field. The European political arena is also in dire straits with Hungary being a headache, cooperating with Russia, as well as Slovakia.

Spain has also introduced a number of ambiguities into the broader picture. It has denied the use of its airspace and shared military installations for operations related to the war in Iran. It has also become a source of friction within NATO by refusing to accept the 5 percent increase requested by the United States and agreed to by the other allies. To complicate matters further, Iran has reportedly invited Spain to seek the necessary permissions for Spanish tankers to transit the Strait of Hormuz. This may help explain why Spain was not invited to the meetings concerning the reopening of the strait: from that perspective, Spain may not face the same immediate problem and therefore may not have been seen as a necessary participant in those talks.

As a result, Putin can be quite satisfied. Regarding the Western world, everything goes better as planned. Enemies are divided. The US, Hungary and Spain are favouring his goals, though for different reasons. I mean, Pedro Sánchez and Trump are favouring him from very different standpoints but, who cares as long as it works for him?

We have analysed the available information related to the Hungarian support to Russia in the field of sanctions. It is a mathematical analysis (network analysis) which intends to squeeze the reports in order to determine the consistency of the information. We hope you enjoy it.


Hemos parado un momento y echado un vistazo fugaz al mundo. Estamos en medio de una guerra en Ucrania, Maduro ha sido arrestado, Cuba está negociando con EE. UU., el Medio Oriente está en llamas, los precios del petróleo están en aumento, el régimen iraní está resistiendo, la OTAN fue atacada por Trump, el sistema de la ONU se está debilitando…

Putin se ha presentado como un posible mediador en la crisis iraní. No ha provocado ninguna alteración visible en Venezuela, ni existen por ahora indicios significativos de injerencia rusa en Cuba. Al mismo tiempo, Ucrania está teniendo serias dificultades para obtener el nivel de apoyo que necesita de Europa, en gran parte debido a la obstrucción de Hungría.

Trump, por su parte, también está debilitando a la OTAN. Aunque no puede retirar unilateralmente a Estados Unidos de la Alianza —necesitaría la aprobación del Congreso o el apoyo de dos tercios del Senado—, sí está socavando la credibilidad de la OTAN y erosionando los vínculos sólidos y duraderos entre sus miembros.

Estados Unidos está profundamente enredado en Irán, y ello está complicando aún más la política interna estadounidense. En ese contexto, Rusia se está posicionando como un facilitador dispuesto a promover conversaciones de paz en la región. Putin podría llegar a intentar presentarse como el salvador o el pacificador que el propio Trump querría encarnar.

Rusia también se ha beneficiado de un alivio parcial de las sanciones estadounidenses. Mientras tanto, el régimen venezolano no ha sido derrocado, algo que Putin probablemente previó desde el inicio de la crisis. Eso podría explicar por qué Moscú se limitó en gran medida a hacer declaraciones, en lugar de adoptar una actitud más decidida. Cuba parece estar recorriendo un camino similar al de Venezuela: distensión, tolerancia de cierto grado de implicación extranjera, aceptación de un daño limitado a la soberanía, cierta apariencia de apertura —como la liberación de presos políticos— y, después, continuidad sin cambios sustanciales.

Europa, por su parte, se encuentra bajo una presión creciente. Hungría se ha convertido en una cabeza de puente para los intereses rusos. Ha habido abundantes informaciones sobre el apoyo del gobierno de Orbán a individuos e intereses rusos en el contexto del régimen de sanciones. A medida que Hungría se acerca a sus próximas elecciones, es probable que Orbán reciba todo el apoyo ruso posible. Sigue siendo un aliado valioso para Moscú. Actuando en sintonía con el eslovaco Robert Fico, Orbán está contribuyendo a crear condiciones cada vez más difíciles para Ucrania, al tiempo que alivia la presión sobre Rusia.

Hasta ahora, Putin ve a sus dos principales enemigos tan debilitados como cabía esperar. Su contraparte militar, la OTAN, se encuentra sacudida por la voluntad de Estados Unidos de reducir su implicación en la Alianza. Su contraparte comercial, la UE, sin el respaldo firme de Estados Unidos, se ve empujada a aumentar su gasto militar, constriñendo su presupuesto mientras afronta una guerra en su propio espacio. El escenario político europeo también atraviesa graves dificultades, con Hungría como un problema constante, cooperando con Rusia, al igual que Eslovaquia.

España también ha introducido una serie de ambigüedades en el panorama general. Ha denegado el uso de su espacio aéreo y de instalaciones militares compartidas para operaciones relacionadas con la guerra en Irán. Asimismo, se ha convertido en un foco de fricción dentro de la OTAN al negarse a aceptar el aumento del 5 por ciento solicitado por Estados Unidos y aceptado por los demás aliados. Para complicar aún más las cosas, según diversas informaciones, Irán ha invitado a España a solicitar los permisos necesarios para que los petroleros españoles puedan transitar por el estrecho de Ormuz. Esto podría ayudar a explicar por qué España no fue invitada a las reuniones relativas a la reapertura del estrecho: desde esa perspectiva, España quizá no afronta el mismo problema inmediato y, por tanto, no habría sido considerada un participante necesario en esas conversaciones.

Como resultado, Putin puede mostrarse bastante satisfecho. En lo que respecta al mundo occidental, todo evoluciona mejor de lo previsto para sus intereses. Sus adversarios están divididos. Estados Unidos, Hungría y España están favoreciendo sus objetivos, aunque por razones distintas. Pedro Sánchez y Trump, desde luego, lo favorecen desde posiciones muy diferentes, pero eso poco importa mientras el resultado le beneficie.

Hemos analizado la información disponible relativa al apoyo húngaro a Rusia en el ámbito de las sanciones. Se trata de un análisis matemático —análisis de redes— que pretende extraer el máximo rendimiento de los informes disponibles para determinar la consistencia de la información. Esperamos que les resulte de interés.

Leave a comment